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Alt-right, la derecha alternativa que hizo triunfar a Trump

Rechazo generalizado en contra del establishment, falta de cultura política de las nuevas generaciones y hasta la posibilidad de fraude electoral, son algunas de las hipótesis presentadas por los medios todavía escépticos de la victoria presidencial de Donald Trump. Todas son tácticas para minimizar al movimiento que definió los resultados electorales: la derecha alternativa o alt-right.

¿Qué es Alt-right?

El término Alt-right es la abreviatura de alternative right, un movimiento social, acéfalo, y polifacético que irrumpió en la escena política norteamericana tras la elección en el año 2008 del presidente Barack Obama. El leitmotiv expuesto entonces por quienes acuñaron la expresión, suponía la necesidad de concebir una nueva derecha intelectual, cuya dirección fuese totalmente independiente de las élites financieras que influenciaban las decisiones tanto del Partido Republicano como del Partido Demócrata.

Patriotismo y juventud, el rostro de la derecha alternativa

Juventud, banderas confederadas, patriotismo y algo de Donald Trump, así se ve la alt-right.

La derecha alternativa se convirtió en un irreverente caldo de cultivo intelectual, que atrajo instintivamente la participación de los jóvenes norteamericanos que sin sentirse identificados con las opciones electorales, abrazaban las ideas y valores tradicionales defendidos con mucho más ahínco por sus contemporáneos generacionales europeos, a través de los partidos y movimientos nacionalistas e identitarios.

A diferencia de los jóvenes nacionalistas de Europa quiénes heredaron un discurso rico en profundidad ideológica proveniente de las experiencias anteriores, la derecha alternativa de Estados Unidos sufrió la carestía de un cuerpo ideológico central, dada la heterogeneidad de sus elementos. Tal diferencia obligó al movimiento alt-right el tener que aglomerar en su seno las más variadas y contradictorias posturas políticas, contando como único elemento aglutinante su cruzada contra la corrección política.

Su relevancia hoy en día radica en que es una fuerza política emergente cuyo alcance mediático fue tan efectivo, que irrumpiendo en la campaña presidencial norteamericana, fue capaz de posicionarse en el ojo del huracán para otorgar millones de votos a Donald Trump.

Hacer lo indecible decible de nuevo

A pesar de ser acusados de totalitarios por sus detractores, uno de los principales pilares del pensamiento Alt-right es el surgimiento de una auténtica libre expresión, es decir, la posibilidad de poder defender públicamente posturas sin el lastre de la auto-censura promovida por la corrección política.

La esencia de la política es el enfrentamiento, ya sea pacífico a través del debate o violento mediante la guerra, la idea primordial supone la existencia del conflicto entre distintas posturas sobre el cómo ordenar la sociedad. Entrado el siglo XXI, ha sido impuesta una silente tiranía mediática conocida como corrección política, esto es, la condena pública hacia ideas y discursos políticos que pudieran resultar “ofensivos” para las minorías étnicas, religiosas y sexuales en Estados occidentales. Esto último hay que subrayarlo, únicamente las naciones de occidente sufren el yugo de este tipo de auto-censura, algo inexistente por ejemplo en Arabia Saudita.

La corrección política

Debido a una imposición cada vez mayor de la corrección política, principalmente en EE.UU y Europa, cualquier postura política que no sea de izquierda, es blanco de una total demonización en los principales medios de comunicación, siendo tildada de racista, xenofóbica, retrógrada, nazi o intolerante.

Corrección Política, censura y persecución

Corrección política, el rostro rosa de la censura.

Es por ello, que ante el auge de partidos como el Front National francés, o de políticos como el británico Nigel Farage, la prensa internacional nos vende la visión de un mundo que gira lentamente hacia alguna distopía totalitaria y xenofóbica. Nada más lejos de la realidad: sí hay un giro ideológico que está transformando lentamente al mundo, pero este va encaminado hacia una era donde el sentido común regrese a la palestra pública.

La derecha alternativa o alt-right se ha posicionado junto al nacionalismo como vocera de este cambio, y reta constantemente al status quo: denunciar que albergar refugiados que podrían ser agentes del Estado Islámico representa un peligro para las naciones occidentales no es racismo, es sentido común. Promover la defensa de la familia tradicional y una educación basada en valores espirituales no es retrógrado, es sentido común. Querer mantener la identidad de tu nación, y proteger la tierra legada a ti por tus ancestros no es xenofobia, es sentido común. Y en el caso extremo en que ser patriota fuese simplemente una postura impopular, sigue siendo tan válida como el resto de las banderas políticas y por ello no debería ser punible.

Los alt-right de Norteamérica han enfocado su discurso en la denuncia de la doble moral de los progresistas o liberals como se les conoce allá. Este doble rasero puede evidenciarse en agrupaciones como Black Lives Matters (las vidas negras importan), grupo de presión consentido por la prensa al defender exclusivamente  el derecho a la vida de los ciudadanos afroamericanos (incluso los que son delincuentes), y que tiene como eje central el “black pride” (orgullo negro), pero que califican de dañino cualquier muestra de orgullo por la identidad del hombre blanco estadounidense.

Esta situación, sumada a la tensión racial existente en distintos estados de la Unión, resulta sumamente engorrosa, cuando por ejemplo, ocurren enfrentamientos mortales entre ciudadanos blancos y afroamericanos. La prensa hace caso omiso a los crímenes perpetrados por gentes de color en contra de blancos, pero no duda de calificar de “delito de odio” cualquier agresión perpetrada por un caucásico, así no esté motivado por la cuestión racial, llegando al extremo de crear campañas masivas de desinformación al respecto.

La lógica tras ese comportamiento es sembrar discordia entre los ciudadanos con un discurso caracterizado por el resentimiento y el revanchismo, táctica propia de los marxistas, quiénes no dudan en apoderarse de la representación de cualquier estrato minoritario en aras de granjear beneficios.

Además, introducir en el debate la cuestión racial desde la óptima marxista, permitió a los agentes de la corrección política maximizar los efectos de su principal arma: calificar al adversario de racista.

En Estados Unidos, y poco a poco en Hispanoamérica, el debate como herramienta para el pensamiento crítico está transitando por una vía ciega, pues cualquier discusión prácticamente puede finiquitarse acusando a alguno de los interlocutores de racista. Pretender, como muestra, que un país debería tener controles migratorios para evitar el ingreso de indeseables, es en el plató de televisión una demostración evidente de xenofobia.

Front National ondeando banderas nacionales

No, no son patriotas, son genocidas según la corrección política. Nada más peligroso que una bandera nacional.

Campus universitarios, lugares que deberían estar dedicados a la discusión de ideas, han llegado al absurdo de designar “safe spaces” para que las minorías se puedan sentir seguras ante ideas “conservadoras”, y llegan al extremo de suspender foros donde se toquen temas como el choque de civilizaciones, o se pongan en duda los postulados del movimiento gay. Se llega al punto ridículo de considerar dañino una frase o un pensamiento, y se le compara con un crímen simplemente porque puede llegar a herir sensibilidades.

Clint Eastwood, el icónico actor de Hollywood y ferviente republicano, condensó el repudio que genera la corrección política en las siguientes líneas:

Todo el mundo está harto, en secreto, de la corrección política. Es la generación de besa-traseros con la que vivimos ahora. Vivimos en una generación de nenazas. Todo el mundo anda de puntillas. Hay personas que acusan a otras de ser racistas y todo eso. Cuando yo era pequeño, eso no era ser racista.

A este actuar se le ha opuesto el movimiento alt-right, que no conforme con decir lo indecible, ha parodiado la postura de la progresía Norteamericana asumiendo como propias, de manera irónica en la mayoría de los casos, las banderas la antigua república romana, los cruzados medievales, los revolucionarios americanos, y hasta del ejército alemán del tercer Reich. Su respuesta en pocas palabras es “si nos van a acusar de autoritarios retrógrados, no nos importa, y hasta les daremos razones para ello”.

Influencias Alt right

Es pertinente recalcar la multiplicidad de visiones, a veces contradictorias, que guarda la derecha alternativa. Su discurso se nutre de diferentes tradiciones políticas y discursos que anteriormente han alcanzado notoriedad por sí mismos, y que ahora, se funden en un vasto fenómeno atrapatodo.

Revolución conservadora

Freikorps alemanes, nacionalistas radicales

Freikorps alemanes, brigadas voluntarias nacionalistas, conformadas por veteranos de la Primera Guerra Mundial.

Si se pudiera definir una ruta ideológica desde la cuál se nutre la intelectualidad alt-right, empezaría en pensadores como Oswald Spengler, Carl Schmitt y Julius Evola. Los dos primeros formaron parte de la Revolución Conservadora, un movimiento generacional de la Alemania entre guerras que predicó la restauración autoritaria de los valores tradicionales, dícese del hombre aristocrático, a través de una visión orgánica de la sociedad, capaz de acabar con la decadencia democrática de su tiempo.

De hecho, no es casual la semejanza tanto nominal como doctrinal entre la alt right norteamericana y la ya veterana nouvelle droite (nueva derecha) francesa, que desde los setentas se identifica como heredera de los conservadores revolucionarios, haciendo eco de la protección, conservación y promoción de la cultura y espiritualidad legada por los ancestros. Los autores Alain de Benoist y Guillaume Faye,  exponentes de la nouvelle droite, reconocen la influencia de Friedrich Nietzsche y Martin Heidegger.

Evidentemente el nacionalismo es omnipresente en el discuro identitario, precisamente la idea orgánica de nación evoca la necesidad de dedicar la acción de gobierno al engrandecimiento de la Patria. Cada familia es una célula perteneciente al gran cuerpo social, cuya salud depende del esfuerzo conjunto de sus elementos.

Libertarios

Don't thread on me

La bandera revolucionaria reza “no me pisotees”, y representa el aguerrido espíritu libertario contra toda forma de tiranía. Aunque menos simbólico, el rifle de asalto es más efectivo.

Es en el plano económico donde resulta complicado designar una tendencia dirigente. Mientras que algunos nacionalistas proponen un enfoque coporativista en las relaciones económicas, también otros se han identificados con los postulados liberales clásicos, y parten de la imperiosa necesidad de rebajar impuestos y regulaciones gubernamentales.

Cabe destacar que la influencia liberal en el seno de la derecha alternativa es circunstancial, y se origina del rechazo del norteamericano promedio hacia la intervención estatal en materia de derechos civiles: hay quiénes suponen que la existencia de un Estado mínimo es necesaria para el respeto de derechos como la libertad de expresión o el porte de armas, elementos fundamentales en este discurso.

Muchos de estos individuos se autodenominan “libertarios”, y pretenden que el fin último de la república vuelva a ser la Libertad, entendida como el privilegio que gozan los ciudadanos para establecer sus propias normas de convivencia, al tiempo que nos recuerdan que en ocasiones la libertad y la democracia son incompatibles. Ello conlleva a que los ciudadanos se conviertan en los custodios permanentes de la libertad, por lo que invocando la Segunda Enmienda de la constitución estadounidense, reclaman y hacen uso continuamente de su derecho a formar milicias populares armadas hasta los dientes… ¡Pues nunca se sabe cuándo un gobierno pudiera convertirse en una tiranía!

Política y raza

Por el elevado número de inmigrantes en EE.UU, el tema racial se convirtió en uno de los principales temas de la campaña. La izquierda norteamericana asegura que existe algo llamado “privilegio blanco”, es decir, la pertenencia a este grupo racial supuestamente otorga a sus miembros un sin número de beneficios sobre otras etnicidades. Se basan particularmente en estudios estadísticos que señalan la aparente predominancia de los hombres blancos tanto en los estratos poblacionales económicamente prósperos, como en aquellos con estudios universitarios culminados.

Para lidiar con esa situación, los progresistas proponen cuotas étnicas tanto en universidades como en empresas, lo que significa que un empleador deberá reservar obligatoriamente un porcentaje de sus puestos de trabajos para que éstos correspondan a miembros de “minorías raciales”.

El principal problema con esta modalidad, es el surgimiento de nuevos privilegios: buscando la igualdad, paradójicamente se crean grupos con ventajas carentes de mérito. Tal lógica ha enardecido a un sin número de trabajadores blancos, quiénes ven como una amenaza las nuevas políticas laborales que mediante la “discriminación positiva” ofrecen un obstáculo al resto de los obreros.

Derechos del hombre

EE.UU es uno de los países donde el feminismo radical ha causado más estragos, por lo menos a nivel cultural. Es común encontrarse en ciudades cosmopolitas como Nueva York, a alguna jóven fémina quejándose de la “cultura de la violación”, y retratando un inocente halago como una “ofensa machista” permitida en la estructura opresiva “heteropatriarcal”. Puede sonar gracioso, pero no lo es cuando la cifra de acusaciones falsas de violación se eleva desmesuradamente, y encima el lobby político feminista presiona para que la legislación se vuelva aún más ambigüa, permitiendo condenas injustas, además de privilegios innecesariosy exagerados para las mujeres.

Muchos hombres, y también mujeres, han elevado sus voces al respecto creando grupos en defensa de la masculinidad. Creen que ante tanta propaganda LGTB y feminista, se necesita que alguien le recuerde a la sociedad que ser un hombre heterosexual no tiene nada de malo, y que al contrario, aparte de ser normal es lo biológicamente óptimo. A ellos también se suman quiénes simplemente disfrutan al máximo su masculinidad, sin preocuparse que les llamen retrógradas por dejarse la barba o decir chistes sexistas.

La revolución de los memes

El punto de encuentro primordial del movimiento Alt-right yace en las redes sociales, y en los diversos foros anónimos de internet llamados “imageboards” (tablones de imágenes), entre los que podemos destacar 4chan y 8chan. El secreto tras el auge de la derecha alternativa, es la viralización sin comparación de sus contenidos propagandísticos, a través de imágenes humorísticas conocidas como “memes”.

Trump y Pepe

Los memes fueron las armas de propagación masiva más poderosas en la campaña

El vocablo meme fue propuesto por Richard Dawkins en 1976, se refiere a la unidad de transmisión cultural más básica. La oscura referencia, que apenas se utilizaba en algunos círculos académicos, fue adaptada en los últimos años para nombrar tendencias y bromas que con facilidad se transmiten a través de internet.

Los carteles propagandísticos convencionales fueron desechados, en lugar del colorido y nostálgico llamado a la acción que define la mayoría de las pancartas políticas desde la primera guerra mundial, la alt-right concentró sus baterías propagandísticas en bromas ácidas, directas e irreverentes, que gozaron de una propagación descomunal en las redes sociales y posteriormente en los medios de comunicación masivos.

El secreto para esto, aparte de un humor negro y horas navegando en las tundras más recónditas de internet, está en la polémica: mientras más controvertido y ofensivo era el contenido, mayor atención recibía. La lógica radica en el viejo “que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mí”. De este modo, cientos de activistas a favor de los postulados alternativos se dedicaron a la elaboración y propagación de imágenes humorísticas a través de perfiles falsos y de manera anónima.

Todo el poder para los trolls

Estando definidos los puntos básicos de la alt-right, como es la defensa de la identidad cultural, una mirada conservadora de la sociedad, y un modelo económico nacionalista; los activistas cibernéticos se transformaron en un temible ejército de trolls, quiénes se encargaron de hostigar a través de burlas a todo aquél que se pusiera en su camino. Los perfiles personales de muchos reporteros, políticos y banqueros se atacaron sin compasión, apenas estos se pronunciaban en contra de la nueva postura patriótica.

Feministas radicales, grandes empresarios, sitios web marxistas, candidatos presidenciales, funcionarios públicos; absolutamente nadie gozó de impunidad en esta guerra contra el status quo y la corrección política. El troll, dícese del usuario de internet dedicado a la publicación de mensajes molestos o provocadores, se convirtió en el soldado político 2.0.

“Perdón, tengo un sapo en mi garganta”. Al estigmatizar a Pepe, Hillary contribuyó con su fama.

El acoso contra corruptos fue tan intenso, y el mensaje vindicador de la alt-right tan popular, que algunos memes utilizados por los cruzados cibernéticos fueron catalogados como “símbolos de odio” por la Liga Anti-Difamación, en un último intento para frenar el auge del nuevo fenómeno político. La rana Pepe, por ejemplo, un personaje de inocente origen pero que fue adoptada como la mascota alt-right no oficial, fue acusada por la mismísima Hillary Clinton de ser un símbolo mundial de odio racial. Sí, la guerra memética logro imponerse hasta en el debate presidencial.

Make America Great Again

Controles migratorios, robustecimiento de la economía nacional y el combate a la “falsa canción del globalismo”, fueron los ingredientes que convirtieron al “hagamos América grande otra vez” de Donald Trump el principal eslogan de la derecha alternativa. El liderazgo del candidato republicano coronado irónicamente como god emperor (dios emperador), representó la estratagema de crecimiento explotada por los sectores alt-right. La victoria de Trump se transformó en una meta tangible, y un sendero inequívoco para exponer los valores identitarios ante una audiencia mucho mayor.

El llamado de múltiples organizaciones nacionalistas fue simple pero efectiva: ingresar a los distintos círculos del Partido Republicano y provocar su viraje ideológico desde adentro, hacia posiciones mucho más frontales contra la globalización y el marxismo cultural. Esta táctica de infiltración masiva se constituyó en una simbiosis primordial para la victoria de Trump, pues mientras más numerosos fuesen los nuevos militantes “radicales”, mayor sería el alcance que obtendría la campaña republicana. Esto, porque a diferencia del votante conservador promedio, el nacionalista blanco, como también algunos se autoproclaman, no se conformó con votar, sino que además adoptó un papel protagónico como activista.

Aquellos arcaicos políticos conservadores que se opusieron a la derecha alternativa, recibieron el mote de “cuckservatives”, un divertido insulto que preferimos investiguen por su cuenta.

Los números no mienten, mientras que la campaña de Hillary Clinton tuvo un presupuesto total de 1.191 millones de dólares, Donald Trump contó con  646 millones de dólares. Es decir, con prácticamente la mitad de presupuesto, Donald Trump logró ganar las elecciones presidenciales. La asignación estratégica de fondos, en conjunto con esta nueva clase de militante mucho más agresivo, lograron tan decisiva conclusión.

Las proyecciones planteadas por los asesores políticos que tradicionalmente acompañaban a los grandes partidos en sus campañas quedaron de cabeza, tácticas acostumbradas como el casa por casa o las llamadas telefónicas empezaron a ver sus efectos disminuidos ante la relevancia in crescendo de la propaganda en línea. El factor decisivo en las elecciones presidenciales norteamericanas fue, sin lugar a dudas, el esfuerzo monumental que miles de jóvenes inconformes dedicaron a la campaña de Donald Trump. Quizás fue por esto mismo que Trump empezó a aclarar que su candidatura ya no se trataba de una mera campaña presidencial, sino de un auténtico movimiento.

Más allá de ese esfuerzo conjunto circunstancial, no hay conexión directa entre la derecha alternatva y Donald Trump. Todo el trabajo fue netamente voluntario, lo que hoy en día dota a sus voceros de total libertad para apoyar o condenar las acciones del presidente electo.

Aunque la prensa internacional fustigue constantemente a la derecha alternativa y le compare con el Ku Klux Klan, el número de sus adeptos crece en todo el mundo y por los vientos que soplan mantendrá su relevancia por unos cuántos años más. Es cuestión de tiempo para que su influencia se haga notar en hispanoamérica y España.

 

Acerca de Manuel De La Cruz

Licenciado en Ciencias Políticas, amante de la historia y el debate. Me agradan los temas oscuros y las lecturas rebuscadas. Preferiría no tener que asistir al funeral de occidente.
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9 comentarios

  1. muy buen articulo

  2. ¿Por qué motivo los Alt-Right apoyaron a Trump si éste no mostró su desinterés ni desacuerdo con el colectivo LGTB?

    • Cultura Política

      Para bien o para mal la imagen renovada de una derecha tradicional atrajo todo tipo de público y militantes, imposibilitando una sólida postura ideológica en algunos temas “delicados”.

      Una vez aceptadas legalmente las uniones de carácter homosexual, tanto las bases del movimiento alt-right como los asesores estratégicos de Trump, mitigaron la defensa de la familia tradicional en aras de priorizar la obtención de votos para la victoria del candidato republicano. Es curiosa la manera en que la campaña de Trump apeló por el voto homosexual: se destacó que en occidente aparte de las burlas, los homosexuales no sufrían ningún daño, a diferencia de lo que sucede en países islámicos donde incluso son blanco de ejecuciones. También algunos voceros autoproclamados alt-right, se declararon como homosexuales durante la campaña. ¿Estrategia política para evitar críticas o el surgimiento de conservadores gays?

      El tema homosexual que sí fue tratado contínuamente fue la denuncia de la “ideología de género” como una manera de acabar con los roles tradicionales del hombre y la mujer.

      Actualmente el movimiento alt-right se está distanciando de las posturas más “progresistas”, al tiempo que algunos de sus antiguos militantes, e infiltrados, están constituyendo una “alt-lite” o “alternativa ligera”: básicamente un montón de agentes políticos sin verdaderas convicciones tradicionales, que aprovechando la polémica de lo políticamente incorrecto proponen políticas que suenan más bien a izquierda…

  3. Excelente artículo.

  4. ¡Muy buen artículo! Y sí, también me gustaría que el movimiento arrase en América Latina. Por ahora, nuestra ‘nueva derecha’ se encuentra representada por una creciente corriente conservadora de tendencias cristiano-evangélicas, lo cual no parece muy efectivo. Sus argumentos para ir contra el Lobby LGBT son demasiado bíblicos; pero bueno, veremos en qué se convierte todo esto. Nuestra región no parece tan propensa al humor negro como lo es EE.UU.

  5. Lamentablemente el Movimiento Alt-Rigth ha muerto con la condena pública a la nación por Trump. Habrá o hay también otros grupos que están vinculados tendrán que innovarse para evitar la ya difícil malaprensa que han sufrido por La Masonería, secta que utiliza lo que le conviene cuando le interesa para sus propios fines.

    No puedo decir más, es lo que creo, de manera sincera. Bueno sí, una cosa más, que cuando se efectúen manifestaciones nadie entre en provocaciones que deben de ser previstas por no sólo La Policía en Occidente, también por los organizadores y exigir que no serán responsables de sucesos interrelacionados con posibles contramanifestaciones.

    Muchas gracias, está bien el artículo.

  6. Muy buen artículo, aclaratorio y simple.
    Como liberal a secas, considero que la alt-right, o al menos muchos de sus integrantes, pueden ser buenos compañeros de ruta en la lucha contra las libertades y los derechos humanos.
    Me gustaría saber si Ud. tiene cuenta en twitter (no he podido encontrarla).

  7. Perdón por el error en mi comentario anterior. No pude editarlo.
    Evidentemente, quería decir “en la lucha contra quienes quieren eliminar nuestras libertades y derechos humanos”.

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