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España frente a Venezuela: ¡Basta de pusilanimidad!

España y Venezuela

La vida histórica es el concepto empleado por Manuel García-Pelayo, posiblemente inspirado por el historiador argentino José Luis Romero, para designar el vínculo entre el estado pretérito y las potencialidades futuras que constituyen una sociedad. Denota el ineludible devenir histórico que mantiene vivo en el presente político los usos del pasado. Además, representa un elemento determinante para el principio de identidad en las comunidades políticas, al ser tanto la herencia colectiva como las expectativas de futuro.

La sociedad venezolana y la española comparten un vínculo que trasciende las relaciones diplomáticas formales, guardan una misma vida histórica. Desde una perspectiva teleológica, esto quiere decir con arreglo a los fines, la empresa conjunta de ambas sociedades y su destino común han sido las mismas durante un período de tiempo superior a la edad del Estado moderno español o la República venezolana. El imperio arropó bajo su heráldica durante más de tres siglos a Caracas y Madrid.

El destino conjunto de España y Venezuela

Muchas de las características de la sociedad venezolana son rasgos heredados de la patria de Quevedo. Aparte del idioma y la religiosidad, las mismas formas políticas expresan un eterno retorno de lo mismo con respecto a nuestro pasado monárquico. El caudillismo, por ejemplo, rememora la partición arbitraria de influencias y territorios entre señores durante el período feudal de la península ibérica. Por otro lado, el indigesto discurso del federalismo criollo, guarda semejanzas con la defensa de los fueros sostenida por los nobles como recurso limitante del poder central ejercido por la corona.

Enumerar todos los lazos que unen a Venezuela y España nos llevaría un ensayo, por lo que no profundizaremos más al respecto. Resumiremos la relación hispano-venezolana como la de un reencuentro pendiente: dos naciones noveles que tras el violento rompimiento decimonónico se acercan para curar sus heridas. Por lo que es natural que Venezuela se convirtiese en el principal refugio de los españoles que huían de las penurias de la Guerra Civil; y que hoy en día, el número de venezolanos residentes en España, crezca en proporción a la crueldad con que el comunismo desgarra al país americano.

Por ese origen y futuro común, es inaceptable la total pusilanimidad que el gobierno de España manifiesta con respecto a la tragedia venezolana. Mientras gobiernos y políticos de todo el orbe han condenado sin ambigüedades la tiranía comunista que hoy azota a Venezuela, el ejecutivo español ha asumido una postura tímida e incluso apática, que no trasciende de las acostumbradas notas de protesta.

La tragedia venezolana

Venezuela pasó de ser el país más próspero y promisorio de la América hispana, al sangriento dominio de la incertidumbre y la barbarie. Una declive temible, propiciada a través de políticas socialistas totalmente opresivas. Por ello múltiples Estados han suspendido relaciones diplomáticas con la tiranía que impera en Venezuela, han ofrecido asilos políticos, flexibilizado las políticas migratorias, prohibido el paso e incautado propiedades a miembros de la cúpula socialista, y hasta han asomado la idea de una intervención militar. Mientras que el gobierno español se encoje de hombros y apenas cita periódicamente al embajador de Venezuela en España.

España debe asumir el imperativo histórico y moral de encabezar la ofensiva contra la tiranía en Venezuela. Víctimas de la opresión no son exclusivamente los venezolanos, también se ven afectados los más de 180.000 ciudadanos españoles que según el Instituto Nacional de Estadísticas español residen allí. De hecho, Venezuela es el tercer país del mundo con la mayor cantidad de españoles en su población.

Otro dato de suma importancia, es que de los 180.000 españoles que residen en Venezuela, menos de la tercera parte nació en España. La mayoría son los descendientes de aquella generación que ilusionados por la Tierra de gracia echó raíces, y que hoy guarda luto silente por los nietos asesinados y por los que se preparan para emigrar. No en vano, estos hispano-venezolanos encabezan la cifra de inmigrantes retornados. Jamás olvidemos el caso del joven hispano-venezolano violado con un fusil por la Guardia Nacional durante las protestas del 2014.

Es una triste paradoja que las familias españolas llegadas a Venezuela al escapar de la guerra, hoy se vean obligadas a huir de la miseria comunista. La izquierda radical gobernante en Venezuela, comparte ralea con aquella que auspició la lucha intestina en España hace casi un siglo. La misma ideología criminal que hundió a España en la conflagración, tiraniza a Venezuela hoy.

El caso Venezuela como Razón de Estado

El principal promotor del separatismo socialista catalán es Nicolás Maduro.

El principal promotor del separatismo socialista catalán es Nicolás Maduro.

Si el argumento histórico y moral no es suficiente, el gobierno español debe hacer frente al descarado ataque por parte de la tiranía venezolana contra la estructura del Estado español.

Desde 1998 Venezuela se convirtió en el refugio de toda clase de calaña izquierdista: desde guerrilleros de las FARC hasta terroristas de la ETA, estos últimos homenajeados con frecuencia por el partido de gobierno.

Más adelante y bajo la figura de asesorías, sombríos personajes como Juan Carlos Monedero encontraron en Venezuela un campo perfecto para la experimentación social. La nación hispanoamericana a los ojos de la izquierda mundial presentaba treinta millones de conejillos de indias, sujetos a los caprichos ideológicos y tesis económicas de sus captores. Fue en Venezuela donde la izquierda española pudo perfeccionar sus métodos de propaganda y dominación.

Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias, fundadores de Podemos, festejando en el Palacio presidencial de Miraflores (Caracas) con miembros de las fuerzas armadas venezolanas.

Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias, fundadores de Podemos, festejando en el Palacio presidencial de Miraflores (Caracas) con miembros de las fuerzas armadas venezolanas.

A diferencia de la miserable Cuba de los Castro, Venezuela representó para el comunismo internacional una esperanza realista de reimpulso: la tenencia de una de las industrias petroleras más prósperas y competitivas, junto a las mayores reservas mundiales de crudo. No es casualidad que tras la llegada del marxismo a Miraflores, casi la totalidad de la región girara en esa dirección. Venezuela financió cada una de las campañas electorales de gentes como los Kirchner, Correa, Morales, Da Silva… y obviamente las del comunismo español.

Separatistas catalanes y vascos, financiados y custodiados por colectivos comunistas, asedian el consulado de España en Caracas.

Separatistas catalanes y vascos, financiados y custodiados por colectivos comunistas, asedian el consulado de España en Caracas.

Entre el 2005 y el 2010 Juan Carlos Monedero y su séquito de «asesores» residieron como cortesanos en el lujoso hotel Alba Caracas, antiguo Hilton, donde recibieron cuantiosos importes en dólares y euros.

También reciben fondos los grupos separatistas y etarras Askapena, Euskadi Cuba y Fundación Pakito Arriaran a través del colectivo «Coordinadora Simón Bolívar».

La ETA en Venezuela está organizada a través de la Fundación Pakito Arriaran. Prófugos de la justicia española se hacen llamar "refugiados" y homenajean terroristas en pleno centro de Caracas.

La ETA en Venezuela está organizada a través de la Fundación Pakito Arriaran. Prófugos de la justicia española se hacen llamar “refugiados” y homenajean terroristas en pleno centro de Caracas.

Mientras los hoy dirigentes de Podemos niegan su íntima y vasallática relación con la tiranía venezolana, la historia nos recuerda que a través de Monedero, el partido Izquierda Unida (partido comunista español aliado de Podemos) logra incorporarse al Foro de Sao Paulo en el 2012. Esta última organización fue fundada por Fidel Castro y Lula Da Silva en 1990 para promover la ideología comunista en el mundo.

Colectivos (paramilitares comunistas) y etarras promueven en Caracas al separatismo vasco.

Colectivos (paramilitares comunistas) y etarras promueven en Caracas al separatismo vasco y gallego.

De modo que la autoría intelectual de la pesadilla venezolana recae en esos pensadores de izquierdas como Juan Carlos Monedero y Alfredo Serrano Mancilla, que siendo vástagos ideológicos (y a veces biológicos) de los republicanos rojos, perpetúan la opresión en el extranjero a cambio de financiamiento para sus aventuras políticas en España. Es innecesaria una explicación adicional, el petróleo venezolano financia los partidos más radicales de la izquierda española, los mismos que promueven la violencia callejera, la inmigración ilegal masiva y la ruptura de España a través de los separatismos locales.

España debe cortar de raíz el financiamiento extranjero que reciben los grupos separatistas, al solventar el problema venezolano estaría descartando al principal postor.

Los vínculos entre el separatismo catalán y la revolución socialista son descarados. La CUP (Candidatura de Unidad Popular) es uno de los partidos políticos regionales que promueve la fragmentación de España, y con frecuencia realiza foros en defensa de la pesadilla venezolana con la participación de diplomáticos rojos.

Endavant, brazo cultural de la CUP, promueve foros en defensa de la revolución bolivariana con diplomáticos rojos.

Endavant, brazo cultural de la CUP, promueve foros en defensa de la revolución bolivariana con diplomáticos rojos.

Por su parte, Esquerra Republicana y Podemos se encargan de entorpecer toda condenación oficial a la tiranía en Venezuela por parte del legislativo español. Facciones como estas ofrecen a la tiranía el servicio de lavar su imagen frente a medios internacionales. Son mercenarios que sin pudor gozan del usufructo del narcotráfico y la opresión ejercida por Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Raúl Castro y demás déspotas.

Podemos y Esquerra encabezan la promoción del socialismo venezolano en España.

Podemos y Esquerra encabezan la promoción del socialismo venezolano en España.

España debe intervenir

Considerando las acciones nefastas del mal gobierno venezolano contra los ciudadanos españoles, el financiamiento «bolivariano» de conspiraciones contra el Estado español, y los lazos históricos, culturales y espirituales que unen a Venezuela con España; la nación ibérica debe consolidar y liderar una alianza internacional que tenga como prioridad la libertad de Venezuela. Propósito aventajado por la posición estratégica de España como Estado miembro de la Unión Europea y la OTAN.

Llegada a esta conclusión, es evidente la justificación del auxilio internacional. El problema recae en torno a la ejecución. Es en este punto donde la ausencia de decisión reluce en la agenda de la política exterior española.

Quizá contenidos por los linderos de la Unión Europea, o constreñidos por un juego de complicidades internas, los heraldos españoles callan ante la barbarie. No hay en el panorama una postura firme que proyecte la posibilidad de una intervención diplomática o militar. La fórmula de apoyar el diálogo y la «autodeterminación» para la resolución pacífica del conflicto es insuficiente y extemporánea.

Históricamente los proyectos de diálogo y negociación solo han servido para bosquejar ante los medios internacionales un inexistente clima de institucionalidad en Venezuela. Allí donde la esfera política es definida por la fuerza, carece de utilidad cualquier intercambio de palabras que no esté secundado por la espada. Es cínico pretender acudir a una mesa de negociación donde los participantes y observadores son designados exclusivamente por un bando. Qué cómodo es para la tiranía venezolana fingir rondas de negociaciones cuando la totalidad de los asistentes son de izquierda.

Urge una exhaustiva investigación sobre la figura del expresidente de gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, cuya vocería siempre claudica a favor de la tiranía marxista. Su afinidad ideológica como miembro del Partido Socialista Obrero Español y su pertenencia a la Internacional Socialista imposibilitan cualquier intento de acercamiento positivo. Cabe destacar que el político venezolano Henry Ramos Allup, secretario general de Acción Democrática y uno de los principales voceros de la oposición cómplice venezolana (esa que carece de presos políticos, que insiste en el camino electoral y que edulcora la realidad venezolana), es vicepresidente de la Internacional Socialista: estos sombríos personajes son los cortesanos que pagando y dándose el vuelto fortalecen el dominio de Castro, Cabello y Maduro.

Obligación moral

El principio de autodeterminación no puede convertirse en excusa para tolerar tiranías marxistas en el orbe, en especial cuando la conducción de los asuntos públicos lejos de velar por el bienestar general, se convierte en el instrumento segador de los gobernados. El Estado venezolano está secuestrado por una temible jauría de narcotraficantes, paramilitares y comunistas radicales; por lo tanto, en nombre de un mejor futuro para los ciudadanos de Venezuela, es imperativa la pacificación decisiva del conflicto local, mediante el empoderamiento de la ciudadanía disidente, acompañada del adiestramiento y el apoyo táctico. Acciones que deben emprender irremediablemente aquellos Estados que quieran evitar la subversión marxista en sus territorios.

Los ciudadanos españoles junto a los venezolanos residentes en la península, tienen la obligación moral de presionar a las autoridades españolas con respecto al caso Venezuela. Se debe contrarrestar la apatía oficial con una estruendosa irrupción ciudadana, así se obligaría a un giro rotundo en la política exterior. En lugar de permitir deshonrosos eventos pro-chavistas, el Gobierno Español debe seguir el ejemplo de EE.UU. y empezar a sancionar de forma pecuniaria a los cómplices de la tragedia.

Semejante al «carthago delenda est» de Catón el Viejo, los voceros españoles ante la Unión Europea deben persistir en la exposición del caso venezolano, hasta conseguir las resoluciones sancionatorias necesarias para la libertad de Venezuela.

Una mejoría inmediata estaría escoltada por la incautación de activos y la prohibición de entrada a altos funcionarios gubernamentales y miembros del PSUV.  Así mismo, los ciudadanos con doble nacionalidad que se hayan prestado para prolongar la pesadilla socialista, tendrían que ser juzgados por tribunales españoles. Políticas de este estilo podrían ser replicadas a su vez por los demás países europeos e hispanos.

Puede que para algunos sea insensato el pretender ver desfilar por las calles de Caracas a los tercios de la legión española, o sientan indignación ante la posibilidad de que paracaidistas foráneos tomen las bases militares fieles a la tiranía. ¿Pero no es aún peor que este ejercicio imaginario, los sangrientos crímenes ejecutados por el yugo venezolano? Cárceles atestadas de presos políticos, cientos de asesinados y desaparecidos, miles de torturados, propiedades expropiadas, templos y tumbas profanadas, la virtud mancillada, familias divididas a través del exilio, miseria generalizada, hambruna, carestía de medicinas…

El Estado venezolano no puede seguir siendo una guarida para criminales sin ningún tipo de escrúpulos. Además de sanciones que en verdad afecten a los miembros de la tiranía, las naciones amigas podrían armar a esa valerosa porción de la ciudadanía venezolana dispuesta a conquistar la libertad por medios distintos a las ficciones electorales. Con respaldo táctico y la distribución de material bélico, se rompería el velo de total indefensión tejido por años de políticas de desarme socialista.

Solo así, en el paradigma de fuerza que domina a la política venezolana, sí sería factible una salida negociada. Armar a la Resistencia es un requisito indispensable para que esta sea reconocida, incluso a regañadientes, por los socialistas quiénes para evitar el combate frontal tendrían que acceder a un diálogo vinculante. También promovería el quiebre definitivo y determinante del estamento militar. Romper con el monopolio de la violencia que goza la tiranía, es el sendero para una conclusión pacífica de la crisis. Los armisticios se realizan exclusivamente entre bandos armados.

Lejos de promover una invasión libertadora, escenario que tampoco descartamos a estas alturas, proponemos una mayor rigurosidad de parte de España y las demás naciones hispanas con respecto a Venezuela. Las distintas sociedades que alguna vez compartieron un mismo estandarte, hoy tienen una oportunidad para materializar ese anhelo de unión. A través de una coalición hispanoamericana encabezada por España, se rodearía al bastión socialista de Venezuela hasta lograr su rendición. Sería un auténtico asedio diplomático amparado por la fuerza militar para restaurar el orden, la libertad y la dignidad en la desolada Tierra de Gracia.

Acerca de Manuel De La Cruz

Licenciado en Ciencias Políticas, amante de la historia y el debate. Me agradan los temas oscuros y las lecturas rebuscadas. Preferiría no tener que asistir al funeral de occidente.
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