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Globalismo y nacionalismo, el debate del mañana

Amigos y enemigos

El binomio amigo-enemigo de Carl Schmitt tiene como una de sus características la mutua afirmación de las identidades colectivas a través del conflicto. Esto supone que todo grupo al demarcar las posturas opuestas, se aproxima a la definición propia de valores afines.

Es poético el rol que posee la otredad en la relación de conflicto: a través de los ojos de mis enemigos forjo mi propia imagen.

Mediante diversos clivajes se han descrito en términos muy generales las distintas fuerzas políticas enfrentadas por los más diversos intereses. Estas rupturas producidas en el seno de las sociedades explicarían la articulación partidista de sus estratos (Lipset y Rokkan) que dan paso a discursos impregnados de dialéctica conflictiva, como el caso del espectro derecha-izquierda establecido originalmente por el jacobinismo, o el burgueses-proletarios esgrimido por el materialismo histórico.

Derecha-izquierda, paradigma obsoleto

Conforme las sociedades modifican sus interacciones y prioridades, se renuevan las formulas definitorias del conflicto político a nivel intelectual. La obsolescencia que según la ciencia política emana de la noción izquierda-derecha, es suficiente para constatar este fenómeno. Caso similar ocurre con la invalidación de la tesis marxista, así siga siendo fetiche de algunos partidos que se niegan a su desuso.

En los últimos años las afinidades entre liberalismo y marxismo se han vuelto más notorias. Los partidarios de estas posturas aparentemente irreconciliables, defienden hoy intereses y planteamientos sumamente semejantes en un espacio común: la globalización en un nivel más profundo, entendida como proceso activo de interdependencia dirigido por organismos multilaterales, que busca la gestación del mundo multicultural y el hundimiento de la soberanía nacional.

Progresismo, globalización y globalismo

Aunque el grito aislado de algunos voceros socialistas en contra de la “globalización neoliberal” pudieran aparentar lo contrario, hoy las izquierdas del mundo en una demostración brutal de coherencia asimilan como propio el proceso de globalización, comprendiendo su rol como extensión natural de la visión mundialista del credo marxista.

Es indiscutible la existencia de poderosas élites financieras, capaces de influenciar el rumbo de los Estados. La agenda de estos gigantes funge de catalizador de la globalización. Dentro de la lógica liberal, la supresión de las fronteras significaría en última instancia la pacificación de la humanidad gracias a la interdependencia comercial: mientras exista intercambio, el fantasma de la guerra estará ausente. Tal axioma es compartido por los socialistas científicos, quienes al despojar al obrero de su patria, ven las guerras como una consecuencia lógica de la competencia entre las burguesías nacionales por los recursos del mundo.

George Soros, globalismo

El multimillonario George Soros es uno de los principales promotores del globalismo. Ha donado más de 25 millones de doláres al Partido Demócrata de EE.UU.

La espiritualidad queda vetada igualmente en ambos rostros de la moneda, y no se diga de los roles tradicionales de cada sexo en la familia y sociedad. El progresismo como movimiento político enmarca a la perfección los puntos en común que comparten, y por ende derrumban, la agonal fórmula derecha-izquierda.

Es de menester señalar que la globalización como consecuencia de la evolución tecnológica no traía consigo esta tergiversación de valores estructurales. Fue la ideologización lo que provocó esta mutación teleológica.

El fracaso de las políticas de inmigración impuestas por la Unión Europea, el yugo de la corrección política y la desintegración de la familia a través de la ideología de género son elementos que definen de manera concreta las dos corrientes emergentes sobre las cuales ineludiblemente se desarrollarán los debates políticos de las siguientes décadas.

Una de ellas ya la describimos, estando las élites financieras a la cabeza y teniendo como base militante al progresismo internacional, tanto en su vertiente liberal como socialista. Su nombre es globalismo.

Donald Trump

“No rendiremos más a este país o su gente ante la falsa canción del globalismo”. Donald Trump en su primer discurso de campaña sobre política exterior.

Nacionalismo, respuesta natural

La otra faceta del debate corresponde a aquellos quienes apelando por las pasiones naturales del hombre, evocan las banderas del patriotismo, la jerarquía, las tradiciones, y la defensa de la comunidad política entre semejantes. Es la respuesta natural, en el sentido más filosófico del término, que arrojan las colectividades nacionales ante las amenazas subyacentes en el discurso globalista.

El retorno de la esencia clásica de la política como arte de la elevación personal a través de la asociación voluntaria y la práctica de las virtudes, este llamado a la restitución de un orden jerárquico natural que antepone los intereses comunitarios a nivel nacional, puede resumirse entre tantos otros vocablos válidos como nacionalismo, por su omnipresente tendencia de defender las identidades y culturas nacionales frente a las amalgamas artificiales promovidas por el globalismo.

Los rasgos propios de cada pueblo, su situación geográfica, las costumbres de sus habitantes, la cultura, las expresiones espirituales, en fin, cada uno de estas especificidades definirían la esencia de cada nación. Como su etimología lo advierte, tal vínculo es compartido por quiénes tienen igual sitio de nacimiento o por vía paterna.

El rechazo por la idea cosmopolita de un orbe unificado, la autodeterminación nacionalista y el afán de unidad nacional se derivan del natural instinto de preservación.

El debate actual

Marine Le Pen

“No es más izquierda versus derecha, sino nacionalismo versus globalismo” Marine Le Pen, candidata presidencial francesa

La teoría schmittiana comprueba una vez más su vigencia con el surgimiento en casi la totalidad del planeta de movimientos nacionalistas, que ante las propuestas globalistas abandonan la marginalidad electoral y se constituyen como auténticas fuerzas capaces de asaltar el Estado y transformar el status quo. Crecen sus filas de militantes y simpatizantes en la medida que se la agenda de sus enemigos políticos luce más próxima a su concreción.

Por lo tanto, pronosticamos que el panorama político mundial en el futuro inmediato estará configurado por el debate globalismo-nacionalismo.

Acerca de Manuel De La Cruz

Licenciado en Ciencias Políticas, amante de la historia y el debate. Me agradan los temas oscuros y las lecturas rebuscadas. Preferiría no tener que asistir al funeral de occidente.
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