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Nafri: el polémico acrónimo para refugiados terroristas

¿De donde surge el Nafri?

Tras el trágico atentado en un mercado de Berlín, que dejó 12 muertos y medio centenar de heridos, la policía alemana asumió medidas especiales para evitar nuevos ataques.

Como ya muchos analistas y expertos de seguridad han señalado, el patrón tras estos ataques corresponde a la lógica del yihadismo contemporáneo, una peligrosa doctrina política que busca la supremacía mundial del islam a través de la dominación económica y la violencia terrorista. La novedad radica en el abuso de las increíblemente flexibles políticas migratorias de Bruselas para minar a occidente con soldados yihadistas.

¿Inclusión a costa de seguridad?

El mecanismo más utilizado por las organizaciones terroristas como el Estado Islámico, es colarse entre los centenares de miles de “refugiados” que cada año encuentran asilo en Europa, convirtiendo los programas de solidaridad en una dañina estratagema al estilo del caballo de Troya. La Unión Europea en aras de buscar la mejoría de los inmigrantes árabes, está socavando la seguridad de sus propios ciudadanos comunitarios.

Por ello la policía de Alemania decidió vigilar con sumo cuidado a los “Nafris”, acrónimo para “Nordafrikanische Intensivtaeter” o en español, “Delincuentes Norteafricanos Reincidentes”. Decisión que se ganó el repudio de políticos por “racista”.

Refugiados pro ISIS

Agreden, amenazan, apoyan al terrorismo islámico… ¡Pero si se les apresa es racismo!

 Nafri, una bomba de tiempo

Los Nafris son criminales reincidentes cuyo origen geográfico los enmarca dentro de las etnias propensas a cometer actos terroristas. No son musulmanes pacíficos, la mayoría han sido detenidos en el pasado por agredir a alemanes indefensos, sobretodo mujeres, por no compartir sus creencias religiosas. Identifican a la civilización occidental como enemiga de su cosmovisión, no obstante se refugian en los avances y ayudas sociales que nuestra cultura les otorga.

Conforman el epítome de la ingratitud al agredir a aquellos que les ayudan. Concurren a mezquitas señaladas por sus sermones radicales y además adoptan posturas las posturas más ortodoxas y expansionistas del islam. Cualquiera en su sano juicio les tacharía de indeseables, y un gobierno serio les deportaría inmediatamente. Sin embargo, el discurso oficial sostenido por la Canciller Angela Merkel sigue justificando su estadía: todo es válido en la construcción de una sociedad abierta y multicultural.

Eso explica porqué, a pesar del apoyo popular a la medida, la intelectualidad de izquierda alemana y la prensa oficialista tildaron de “racista” y “xenofóbica” a la policía de Colonia, por expulsar del centro de la ciudad a 190 Nafris y detener 92 de ellos en la víspera de Nochevieja para prevenir ataques terroristas. Es preferible ser víctima del terrorismo islámico, que parecer autoritario según la corrección política.

Incluso, se ha criticado a la policía alemana por utilizar el término Nafri, y de segmentar la población migrante de acuerdo a patrones étnico-religiosos… ¡A pesar que los ataques son de carácter absolutamente étnico-religiosos!

Afortunadamente, ya son numerosos los europeos que han abierto los ojos

Esta reacción absurda pero muy bien pensada de parte de la progresía alemana nos invita a reflexionar, mientras los líderes más radicales del Islam no se inmutan al declarar sus intenciones como futuros verdugos de las naciones occidentales, las prioridades en el debate político se centrar en no herir susceptibilidades. Pareciera que el ciudadano ideal para los amantes de la inclusión, es un borrego sin voluntad de lucha que se deje imponer cualquier costumbre extranjera por más antinatural que sea. No es casual, que mientras se acosa a la policía en Alemania, se declaran zonas controladas por la Sharia, ley islámica, en el Reino Unido.

La civilización occidental como heredera de Roma debe estudiar muy bien su historia para no incurrir en sus errores: Roma no cae por los bárbaros que le invaden, sino por los traidores que abrieron sus puertas.

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Un comentario

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