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Socialismo de malvivientes

Esqueletos peleando por un arenque en escabeche. James Ensor.

Esqueletos peleando por un arenque en escabeche. James Ensor.

“Buen vivir” y “vivir viviendo” son frases en apariencia vacías que, aproximadamente desde el año 2011, los marxistas de Venezuela utilizan de forma propagandística para referirse al precario estado de supervivencia en que tienen sometidos a la mayoría de los venezolanos.

Tales consignas cuentan con una carga semántica representativa, la ironía impregnada en esas palabras deja al desnudo el infinito desprecio que la clase política socialista siente por sus gobernados.

Si se analiza desde la perspectiva de la ciudadanía, es imposible vivir bien en un país arrasado por la rapiña marxista. El declive societal ha corrompido absolutamente todas las esferas de la vida en comunidad: si de las instituciones civiles quedan tan solo las ruinas, los bienes públicos que preservaban, como la seguridad ciudadana o el sistema de salud, son inexistentes.

Aunque parezca distópico para el lector que no reside en Venezuela, aspectos cotidianos como el transporte son imposibles sin una dósis relevante de sufrimiento. El diario viaje desde el hogar hasta el sitio de trabajo no está exento de atrasos de metro, atascos de tráfico, accidentes y robos.  Sin la capacidad de adquirir un vehículo propio, sector además asediado por la ausencia de repuestos, el ciudadano promedio se ve obligado a sufrir el yugo del peor transporte público de la región. Otro hito en esta colección de derrotas históricas, mínimo entre problemas más serios como el hambre, y la violencia desbordada.

En Venezuela transportan a la gente como ganado, en consonancia con la ideología comunista.

En Venezuela transportan a la gente como ganado, en consonancia con la ideología comunista.

Los malvivientes y su socialismo

Hay quiénes viven bien en Venezuela, sí, son una minoría selecta que a partir de fidelidades y complicidades con el partido de gobierno, conservan o robaron un status que contradice las penurias del resto de la población (al menos hasta que caigan en desgracia ante los ojos de Maduro).

Esos que llaman enchufados son unos malvivientes.

Esos que llaman enchufados son unos malvivientes. Gracias a Edo por la caricatura.

Esta casta de agentes políticos, artísticos, industriales, clericales y comerciales pactaron en algún momento con la tiranía. Defienden la revolución o finjen indiferencia ante sus maldades, con tal que la mirada cleptómana de la élite chavista se sitúe sobre las propiedades de “alguien más”, sin importar que sea el vecino o el familiar. Son aquellos cuya complicidad moral les hacer ser, más alla del número de propiedades o la finura de su cultura, malvivientes. Malviviente es aquél que pertenece a la mala vida, al mal vivir, a la delincuencia, a lo hamponil.

Es común escuchar en las calles de Caracas la frase “este es un gobierno de malandros”. Malandro es la forma coloquial de referirse a los truhanes, rateros y maleantes de baja categoría. Esos susurros hablan con acierto.

La ironía de la pesadilla venezolana es que sus poderosos malvivientes postulan como eje conductor de su yugo al socialismo: la más criminal de todas las ideologías políticas. El irrespeto postulado por Marx contra valores fundamentales de la civilización como la dignidad humana, la familia o la propiedad; concuerda a la perfección con el sustrato ético de todo ladrón.

El socialismo es de malvivientes, sostiene un proceso de intercambio de valores donde lo digno se derriba y lo bajo se enaltece, en pos de replicar la ralea de delincuentes que originalmente instauraron ese nefasto sistema. El hombre nuevo del comunismo no es más que un ser gris, carente de personalidad y de vínculos morales, cuya existencia se diluye en una amorfa idea de comunidad igualitaria obligada a aplastar todo brote de virtud o excelencia. Es el resentimiento del mediocre convertido en ley máxima contra el fulgor de lo bello, lo bueno y lo elevado.

De modo que, no solo este es un socialismo de malvivientes, sino que de otro modo no podría ser el socialismo.

¿De donde viene eso del “buen vivir”?

No es secreto que la tiranía posee una cuadrilla de intelectuales a sueldo, cuyo propósito yace en tejer toda una apologética que justifique el expolio contínuo contra Venezuela. Supongo que de esta intelectualidad mercenaria surgió la parafernalia verbal del “buen vivir”. Algún marxista de salón que leyó a Aristóteles, sin entenderle, se cruzó con su noción de bienestar y le resultó acertada como novedad propagandística.

El "vivir viviendo" del chavismo tiene hedor al "vamos bien" del castrismo.

El “vivir viviendo” del chavismo tiene hedor al “vamos bien” del castrismo.

El “bienestar” o “buen vivir” es un concepto crucial en la filosofía aristotélica, que en las traducciones al español de su obra hacen referencia a la palabra “eudaimonía”.

El estagirita emplea el término eudaimonía para designar la conducta virtuosa fundamental para que el ciudadano alcance el ideal de felicidad en la vida en comunidad. Su raíz etimológica se refiere al “eu daemon” o buen demonio, pues para los antiguos griegos los “daemones”, o demonios como conocemos en su versión castellanizada, eran espíritus de carácter divino que podían fungir de mensajeros entre los dioses y los mortales. Más adelante el cristianismo circunscribió esa función exclusivamente a los ángeles.

La metáfora filosófica es evidente: el comportamiento virtuoso fue inspirado por lo divino y, en consecuencia, es capaz de lograr la felicidad pública. Aristóteles representa un punto de quiebre en la historia del pensamiento occidental por, entre tantos logros, desarrollar de modo erudito el estudio del ethos o carácter, la ética.

La ética aristotélica, expuesta tanto en Ética a Nicómaco como Política, sostiene que el hombre puede moderar su conducta con el objeto de conseguir un desenvolvimiento excelso de sus capacidades. Las virtudes éticas, como la justicia o la prudencia, son ejercidas a diario a través de las decisiones tomadas por el ser en relación con su sociedad. Es esta conducta guíada por el “justo medio” la que lleva a que varios hombres se asocien voluntariamente, conformando la unidad política, cuyo fin último es el bienestar o felicidad.

En aras de preservar ese bien, los ciudadanos estarían dispuestos a someterse a las leyes, y de ser necesario, sacrificarse en nombre de esa libertad cívica.

Esta es una concepción aristocrática de la realidad política que rompe con todo esquema igualitario de la misma. Según la voluntad de moderar y conducir el carácter hacia un plano superior de la existencia, habrán hombres más virtuosos que otros, instaurándose así una jerarquía basada en la excelencia. De entre estas aristas, resplandecerán aquellas que optan por arriesgar sus comodidades con tal de lograr un status mejor para sus conciudadanos, dando nacimiento a la heroicidad. La ciudad, o la res publica, recompensará con la gloria de sus monumentos e historia patria, a aquellos héroes que perezcan bajo sus banderas.

No debemos escuchar a los que nos aconsejan “ser hombres para pensar pensamientos humanos, y ser mortales para pensar pensamientos mortales”, sino que debemos revestirnos de la inmortalidad tanto como sea posible y esforzarnos para vivir según la mejor parte de nosotros, que, siendo pequeña a granel, es mucho más grande en su poder y honor superando a todo lo demás. – Aristóteles.

La virtud clásica es un ideal que merece ser restaurado en nuestra contemporaneidad, dado que podría impregnar de magnanimidad y rectitud al debate político. También brindaría coherencia a un panorama lleno de repúblicas pero vacío de civilistas.

Griegos y troyanos luchando por el cuerpo de Patroclo. Antoine Wiertz

Griegos y troyanos luchando por el cuerpo de Patroclo. Antoine Wiertz

Malvivientes y marginales, enemigos de la civilidad

En el socialismo no hay héroes sino ladrones, que en lugar del sacrificio prefieren vivir a costa de los demás. Y siendo una máxima la permisividad con el crímen y hasta la promoción del delito, la cotidianidad en la Venezuela socialista está signada por el conflicto perenne entre los ciudadanos decentes y los malvivientes.

El “malvivir” es la reformulación igualitaria de la virtud. Son ahora malvivientes todos esos esclavos de sus apetencias, que reptando en cualquier estrato de la sociedad corrompen lo que les rodea. Es hoy un deber histórico para el venezolano acabar con la sociedad y la cultura de los malvivientes.

Tocará entonces remover física e intelectualmente el legado de generaciones oprobiosas de chandalas malvivientes. Enemigos nuestros, como defensores de la civilidad, no son solo los corruptos en el poder: también lo son los marginales, pues se sitúan al márgen de toda cortesía y moral, que por miserables migajas prolongan el dominio de la barbarie.

Acerca de Manuel De La Cruz

Licenciado en Ciencias Políticas, amante de la historia y el debate. Me agradan los temas oscuros y las lecturas rebuscadas. Preferiría no tener que asistir al funeral de occidente.
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