• Culturapolitica.net – Civilizando la barbarie

    Somos un bastión dedicado al desarrollo de la cultura política como método para la regeneración de la civilización.

    Entre nuestras letras encontrarás contenido desarrollado por expertos de la ciencia política para aclarar todas tus dudas sobre la más elevada de las artes.

    No tememos herir susceptibilidades ni usaremos eufemismos, nuestra meta es analizar la polìtica tal y como es: el constante conflicto entre voluntades humanas por ordenar la sociedad.

La sombría guerra de asesores detrás del bombardeo contra Siria

Una de las principales banderas de la campaña presidencial de Donald Trump fue la adopción de una política exterior inclinada a la restitución del aislacionismo estadounidense, es decir, la no intervención en asuntos foráneos. Promesa que se desquebrajó con el ataque a Siria.

Aislacionismo: tradición olvidada

A diferencia de la opinión popular, el pensamiento de los padres fundadores de los Estados Unidos de América promovía inicialmente el aislacionismo como política de Estado, partiendo de la creencia en el comercio entre naciones como principal promotor de la paz.

Thomas Jefferson (1743-1826), por ejemplo, en su discurso de inauguración como presidente definió la política exterior de su país como “paz, comercio, y amistad honesta con todas las naciones, sin forjar alianzas con ninguna”. Esta idea tenía además una lógica práctica: mientras menos recursos se destinasen a expediciones en el exterior, mayor sería la atención que recibirían las cuestiones domésticas.

La idea aislacionista fue desalojada de la Casa Blanca conforme la industrialización y las nuevas tecnologías aumentaban el alcance del teatro de operaciones norteamericano. La guerra hispano-americana (1898) fracturó las bases de la no intervención, mientras que la actuación de Washington en ambas guerras mundiales definió el rumbo que hoy conserva su diplomacia.

Más allá de la lección de historia, es de menester recalcar que originalmente la política exterior estadounidense era aislacionista, como garantía de la tranquilidad y prosperidad nacional. Tal postura contrasta por entero con las campañas del medio oriente, cuyos fracasos recientes repercutieron en la última campaña presidencial. El mensaje electoral de Trump fue claro: no más guerras que nada tienen que ver con los intereses nacionales.

Make walls not wars

Gran parte de la base de apoyo de Trump sufrió la decepción de ver rota esa promesa el 6 de abril del 2017, cuando Trump personalmente ordenó el ataque misilístico contra la base aérea de Shayrat en Siria, en retribución al uso de gas sarín contra la población civil que aparentemente ordenado por Bashar Al-Assad.

Con la consigna “make walls not wars”, los defraudados electores recordaron a través de las redes sociales que mientras se iban relagando promesas claves de la campaña presidencial, como la construcción del muro fronterizo o las reformas migratorias, Estados Unidos sentaba las bases para una declaración formal de guerra contra Siria.

La primera acción militar en el extranjero ordenada por la administración Trump no solo entró en contradicción con su discurso oficial, también estuvo rodeada de un halo de misterio por su naturaleza abrupta e inesperada, aparte de fraguarse en medio de una polémica muy seria: ni siquiera se había confirmado que en efecto el ataque químico fuese obra del gobierno sirio. Esta no es una teoría de conspiración, múltiples expertos han señalado que tanto el Estado Islámico como Al-Qaeda están en posesión de centenares de armas químicas, y que gustosamente pudieron haber participado en una operación de falsa bandera con tal de reducir el apoyo extranjero al gobierno sirio.

Hasta Vladimir Putin, a quién la prensa inculpa de haber vulnerado las presidenciales en favor de Trump, condenó la actuación estadounidense. Señaló que el ataque con gas en Shayrat no es el primero perpetrado por grupos yihadistas. También comparó a los grupos de presión que hoy aplauden el bombardeo contra Siria con quiénes en el 2003 anunciaron las inexistentes armas de destrucción masiva como excusa para invadir a Irak.

Tenemos reportes de distintas fuentes, que falsas banderas como esta – y no puedo llamarle de otra forma – están siendo preparadas en otros lugares de Siria, incluyendo los suburbios al sur de Damasco. Ellos planean plantar algún químico allí y acusar al gobierno sirio de algún ataque.

 

Putin condenó las acciones de su presunto hombre en Washington

Putin condenó las acciones de su presunto hombre en Washington, y quizás se imaginó ejecutando fundamentalistas islámicos para aplacar su ira.

Por más cruel y sanguinario que pueda ser Bashar Al-Assad, es imposible encontrar algún motivo lógico para que gaseara a sus gobernados, tal actuación aunque encaje en la narrativa de sus oponentes, carece de finalidad práctica. En especial cuando Estados Unidos, en acuerdo con Rusia, empezaba a aceptar la idea de reconocer la legitimidad de su mandato, desechando los planes de un cambio de gobierno como condición para la paz en Siria.

De hecho, el 30 de marzo del 2017, el Secretario de Estado Rex Tillerson declaraba que “el estatus a largo plazo del presidente Assad será decidido por el pueblo sirio”.

¿Cómo explicar este cambio sorpresa de política exterior?

Jared Kushner, la voz globalista dentro de la Casa Blanca

En la Casa Blanca hay un poderoso miembro acreditado del partido demócrata, un empresario de visión globalista y sin experiencia política, que a sus 36 años de edad se ha convertido en el principal asesor de Trump en materia diplomática, ocupando un rol mucho más notable que el del propio Secretario de Estado.

Sus posturas contrastan con cualquier proyecto de carácter patriótico en el gobierno norteamericano, mantiene tratos millonarios con el globalista George Soros y hasta su padre ha financiado múltiples campañas de izquierda. ¿Su nombre? Jared Kushner. ¿Su único mérito? Haber contraído matrimonio con Ivanka Trump, aprovechando así su rol de yerno para influir sobre Donald Trump.

No, no es el villano de alguna película de los ochentas, es Jared Kushner.

No, no es el villano de alguna película de los ochentas, es Jared Kushner.

Jared Kushner ostenta el cargo de asesor sénior presidencial, y junto a Nikki Haley, embajadora de EE.UU ante la ONU, son los rostros más visibles del ala neo-conservadora en la Casa Blanca. A pesar de todas las promesas de una nueva política exterior, el caballo de troya globalista hace tiempo penetró las murallas de la administración Trump.

El último espisodio bélico contra Siria fue el resultado de pugnas intestinas entre los asesores presidenciales. Según los propios allegados de Trump, Jared Kushner ha hecho hasta la fecha todo lo posible para difamar y expulsar de la administración al nacionalista Steve Bannon, estratega jefe de la Casa Blanca.

Steve Bannon ha sido retratado con frecuencia en la prensa progresista como una especie de Rasputín racista. La verdad es que este publicista autoproclamado nacionalista jugó un papel fundamental en la campaña presidencial, al utilizar todo un arsenal de medios digitales para desarmar el discurso de Hillary Clinton. Su apoyo a Trump fue determinante para su victoria.

Desde luego, un outsider de esta naturaleza representa un peligro para los intereses de la clase política tradicional, razón por la cuál “coincidencialmente” tanto periódicos de izquierda progresista como de derecha neocon han defenestrado la imagen pública de Bannon.

Mientras el gabinete ejecutivo supervisaba el ataque contra Siria, Jared Kushner no le quitaba la mirada a Steve Bannon

Mientras el gabinete ejecutivo supervisaba el ataque contra Siria, Jared Kushner no le quitaba la mirada a Steve Bannon

¿Qué tiene todo esto de relevante?

Bannon representa el ala moderada de la Casa Blanca que quiere reinstaurar el aislacionismo, una medida que favorece tanto a EE.UU como al mundo en general: los ciudadanos norteamericanos no tendrán que seguir pereciendo en guerras ajenas a sus intereses nacionales, mientras que el resto de occidente podrá regresar al paradigma de mutuo respetuo a la libre determinación de las naciones.

Los globalistas carecen de intereses nacionales, así como de cualquier sentimiento de arraigo a sus patrias. Para ellos la prioridad es seguir promoviendo la agenda de un mundo unificado, algo que se les haría cuesta arriba sin la fuerza bélica de EE.UU. Por ello se esforzarán en expulsar de la Casa Blanca a cualquier elemento con aroma nacionalista.

Así que no es aventurado afirmar que el improvisado ataque misilístico de EE.UU sobre Siria fue el resultado de una silente guerra puertas adentro en Washington: es la inequívoca confirmación de que simples discusiones de oficina son capacez de desencadenar la guerra cuando lo que está en juego es el rumbo de la política exterior del Estado más poderoso del orbe.

 

Acerca de Manuel De La Cruz

Licenciado en Ciencias Políticas, amante de la historia y el debate. Me agradan los temas oscuros y las lecturas rebuscadas. Preferiría no tener que asistir al funeral de occidente.
Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *