Servicios policiales de la India arrestaron a nueve tibetanos que estaban planificando protestas para denunciar la ocupación ilegal del Tibet por el Ejército Popular de Liberación en el contexto de la visita oficial del autócrata comunista chino Xi Jingping a la India.

Las consecuencias de la supremacía Han.

La policía no ha dado detalles sobre las detenciones y no ha presentado ninguna evidencia de que los detenidos hayan incurrido en actividades ilícitas.

Se espera que Xi Jingping llegue a Chennai este viernes para una ronda de diálogos con el Primer Ministro Narendra Modi, quien ha intensificado la postura de la India ante China ante disputas territoriales.

El activista tibetano Tenzin Tsundue fue detenido por reservar una habitación de hotel en zonas aledañas a donde Xi Jingping se encontraría en el contexto de su visita a la India. Es sabido que Tsundue ha sido detenido previamente en dos ocasiones por agitación y revuelta en 2002 y 2005 en la India.

De acuerdo con TheHindu.Com, Tsundue y otras ocho personas fueron detenidas por los servicios policiales por violar una ley de protección contra la violencia hacia las mujeres y no se entiende bien el contexto por el cual se detienen en la India a activistas que protestan la ocupación de la China Comunista del Tibet.

China ha ocupado militarmente al Tibet y ha impuesto su ideología comunista contra el pacífico pueblo tibetano durante décadas forzando al exilio al Dalai Lama, la mayor autoridad políitico-espiritual del Tibet en 1959.

Bajo el régimen de Xi Jingping, la represión en Tibet ha arreciado junto con el culto de personalidad que Xi Jingping ha traído a la administración comunista china, forzando a los ciudadanos del Tibet a tener retratos de Xi en sus casas.

La semana pasada, durante las celebraciones del septuagésimo aniversario de la toma de Pekín por los comunistas, autoridades chinas obligaron a tibetanos a participar en los festejos obligándoles a cantar himnos a favor de Xi Jingping y la Revolución Comunista China.

El régimen de Xi Jingping considera que el Dalai Lama y los monjes tibetanos, caracterizados históricamente por su lucha no violenta y políticas de no agresión son apologistas del terrorismo y violentos separatistas que buscan desestabilizar la región.