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Arte secreto del Palacio Ducal veneciano

En los años ochenta del siglo pasado durante restauraciones habituales de las celdas de prisioneros del Palacio Ducal de Venecia, conocidas como “los pozos”, emergieron graffitis, bosquejos de murales sacros del siglo XVI de enorme valor artístico, obra del pintor de frescos Riccardo Perucolo, con una apasionante historia por detrás.

En los techos y paredes del calabozo X, el diez en numeración romana, del tétrico lugar comenzó a vislumbrarse el comienzo de un complejo pictórico, inspirado en una “sacra conversación” entre santos y la Virgen María, claramente trazado por manos expertas dentro de los cánones del arte figurativo veneciano renacentista.

Por un lado, María, con el niño Jesús en brazos, rodeada por San Roque, San Benedicto y San Sebastián, y sobre la pared opuesta un Cristo crucificado, dominado por la figura de un ángel, todo ennegrecido por el tiempo y el efecto de la iluminación densa y sucia de lámparas de aceite.

Palacio ducal de Venecia

El arte hereje

Gracias a la reconstrucción del historiador del arte veneciano, Giandomenico Romanelli, se pudo determinar que en junio de 1549 fue encarcelado en la celda X, el pintor de frescos Perucolo, natural de Conegliano, en Treviso.

Los frescos ocultos. ANSA

Los jueces del Santo Oficio de la Inquisición, a las órdenes del entonces Nuncio vaticano en Venecia monseñor Giovanni Della Casa, acusaron al artista de herejía luterana.

Perucolo, confesó y abjuró ante los inquisidores.

Y además como acto de buena fe, se declaró dispuesto a realizar una pintura que representara a la Virgen y los santos, para consuelo de los presos enfermos, pues la celda X fue convertida por entonces en enfermería, no tanto por amor cristiano sino para evitar que las enfermedades traspasaran los muros de la prisión.

Según parece, su súplica fue acogida, y el pintor comenzó el trabajo, pero no lo concluyó, pues, tras ser puesto en libertad, fue condenado a recitar la penitencia, con un sayo y una soga al cuello, durante la misa dominical de Conegliano por un plazo de dieciocho meses.

El esbozo de las figuras resultaría después recubierto con cal, para desinfectar el lugar, y permanecería oculto durante cinco siglos. Del oscuro pintor de Conegliano conocemos su final: en el olvido por veinte años, bajo una aparente renovada devoción hacia la Iglesia Romana, en realidad continuó su apostolado en favor de la Iglesia Reformada.

Recibía en secreto correspondencia y catecismos del ex obispo de Capodistria, Pier Paolo Vergerio, refugiado en Suiza, prófugo de la Inquisición y ácerrimo adversario de doctrina de monseñor Della Casa.

Finalmente, Perucolo murió en la hoguera, en la plaza del Mercado de Conegliano, a comienzos de 1568.

Con información de ANSA.

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