Por Víctor A. De Los Nuñez-Naranjo

Alguna vez se habrá escuchado claro y fuerte en las logias bolcheviques aquella frase célebre y pilar de tan nefastas pretensiones «¡El proletario no tiene Patria!», decían en sus salones. Hoy la cosa no cambia en demasía, la muestra de esto está en «La Península» del otrora Gran Imperio, el de «Santiago y cierra» -ese en el que no se ocultaba el Sol-, hoy una careta de «Reino» en el que las más nefasta forma de «República» -bananera, y si acaso- empieza a emanar su hedor con trajecitos y coletas, llamémosle《España》 -o lo que va quedando de ella-.

España es quizás junto a la actual Francia la prueba de lo que se ha venido cocinando como un minucioso Plan Anti-Nación para Occidente -y peor, pues en la segunda El Estandarte Patrio aún no es considerado por opiniones alienadas como un vulgar «símbolo de odio y de fascismo».

Mientras millones de familias Españolas sufren los estragos socio-económicos del «Virus Maoísta» -y de sus andantes cepas parlamentarias- a la par de que impuestos excesivos afilan la hoz que condena a los trabajadores, los políticos de turno aumentan sus salarios con excusas tan balurdas como poco honorables, utilizando el nombre heróico de los trabajadores de la salud -preguntan desde La Moncloa que significa el tal «honor».

Otros Españoles -a quienes aprovecho para elevar mis respetos- no contaron con la suerte de permanecer con vida, sin embargo desde los despachos de las corbatas y coletas ahora dan la bienvenida a viejas compañías; y sí, mientras tantos Españoles este año cayeron por desgracia en los brazos de la muerte -y siguen cayendo-, estos impresentable -La diarquía de la Vergüenza- suman a sus empresas a quienes por años fueron los representantes de la muerte y la desgracia en Las Tierras Rojigualdas, esos que llevando con perfidia el estandarte del noble pueblo Vasco cambiaron máscaras por trajes -sólo cambia la estrategia- ¡enhorabuena a las coletas!.

El castellano, La Lengua Española, qué hermosa manera de comunicarse con tantas formas y matices; la lengua de Cervantes, de Quevedo, Lope de Vega -¡Siglo de Oro!- ahora reducida, y claro, esto lo aplauden los rojos curules, le miran de lado y con desprecio, así miran -ciertamente- a todo lo Español; «Anti-Nación» que ya lo he dicho -por si quedaban par de dudas-.

El tema de las famosas «Pateras» y sus miles de personajes semanales será hasta sencillo de abordar; más importan las agendas que manejan los despachos que el hambre y las mesas de las familias Españolas; quienes pongan en riesgo al Nacional Ecosistema y quizás eventualmente «les paguen» los favores en cuotas electorales sirven más a esas agendas -ahí están los privilegios-.

Al final El Traje y La Coleta, La Diarquía Anti-Española y sus amigos cooperantes, los cobardes -sin derecha-, se van cargando a una Nación, a un País, a una Patria en la cual del nombre «Reino de España» sólo quedará el «de»
-y si acaso-, «de» sus intereses.

España es, desde luego, una representación viviente de lo que hoy es sombra en Europa y con esta en Occidente -necesario es entenderlo-; la cuestión está palpable, se reacciona con carácter o en un simple pestañeo dejaremos de existir.