Por Alberto R. Zambrano U.

Escritor francés responsable por sentar las bases de la escuela de pensamiento tradicionalista de principios del siglo XX. Su obra permanece vigente al resaltar la bancarrota intelectual y espiritual del mundo moderno. Estudió el simbolismo, el esoterismo espiritual y la iniciación a la masonería, al hacerlo reveló secretos que hoy en día hacen que las logias lo nieguen.

René Guénon nació en Blois, Francia un 15 de noviembre de 1886, creció en un hogar católico y fue educado por los jesuitas. De joven se mudó a París para estudiar matemática en el College Rollin. La actividad con los números no era lo de él, en 1905 abandona los estudios de educación superior.

Guénon se sumergió en las corrientes del ocultismo francés y se convirtió en un influyente miembro de organizaciones secretas como las espiritistas, teosóficas, gnósticas y masónicas. En junio de 1909, funda un diario llamado La Gnose que duró poco más de dos años y recabó buena parte de sus escritos de la época.

Aunque René Guénon luego le daría la espalda a los pensamientos políticos, filosóficos y cuestiones históricas sobre las que se cimientan las artes ocultas, hizo mucho al notar con su obra escrita que dichas artes tienen una “falsa espiritualidad”, la cuales comparaba con las expresiones genuinas del esoterismo tradicional.

Era un hombre que siempre se opuso a la modernidad que se apoderaba de Europa. Hay indicios de que Guénon fue iniciado en prácticas taoístas e islámicas, ritos que lo llevaron a hacer estudios sobre dichas corrientes.

René Guénon emergió del secretismo y oscuro mundo del ocultismo y se movía libremente entre católicos, llevando adelante una ocupada vida social e intelectual.

Su obra está influenciada por intelectuales católicos prominentes de la época como los Padres Peillaube y Sertillanges, así como Jacques Maritain.

Entre 1912 y 1930 René Guénon tuvo el período más público de su vida, asistía a las clases magistrales de la Sorbona, escribía y publicaba ampliamente, daba disertaciones y mantenía una amplia red de contactos. Publica sus primeros libros en los años 20 y se hizo muy conocido por su obra en la materia metafísica y filosófica.

Cualesquiera que hayan sido los compromisos personales de Guénon en ese período, su pensamiento partió del ocultismo al interés en la sapiencia de las tradiciones dentro de las grandes religiones universales. Un elemento centra de su obra era la posibilidad de un esoterismoo cristiano dentro de la tradición católica.

En su obra se puede ver cómo añoraba un catolicismo regenerado, enriquecido y nutrido por la recuperación de sus tradiciones esotéricas y “reparado” por un entendimiento. Contribuía de forma regular con el diario católico Regnabit, en esos artículos se revela la reorientación del pensamiento de Guénon en el cual la “tradición” era el tema central.

Los últimos años de la década de los 20 y la llegada de 1930 marcaron otra gran transición en la vida de Guénon: Se muda a El Cairo, y se convierte al Islam por una serie de razones: El editor de Regnabit, P. Anizan (con quien Guénon tenía mucha simpatía) tuvo un pleito con el Arzobispo de Reims, aunado a esto, la crítica por parte de los católicos a su libro de 1927 “El rey del mundo” lo desilusionaron con la Iglesia y feligresía, endureciendo las sospechas de Guénon de que la Iglesia como institución se había rendido a lo temporal y lo material. En 1928, queda viudo de forma abrupta, y lo que comenzó como una estadía corta de tres meses en Egipto se convirtió en una residencia permanente hasta su muerte en 1951.

En El Cairo, Guénon fue iniciado a la orden Súfica de los Shadhilitas y toma el nombre de Abdel Wahed Yahya. Se casa de nuevo y vive una vida modesta en el retiro.

“Tal era su anonimato que un admirador de sus escritos quedó estupefacto al descubrir que el venerable vecino de al lado a quien había conocido como el jeque Abdel Wahen Yahya era en realidad René Guénon”

Buena parte de la energía de René Guénon en la década de los 1930s se dedicó a responder la cantidad de correspondencia que le hacían llegar sus lectores desde Europa. Intelectuales, curiosos, admiradores y conocidos con preguntas sobre sus libros y artículos. La mayor parte de  la obre de Guénon luego de mudarse al Cairo apareció en Études Tradionnelles, un diario teosófico que se transformó bajo su influencia y se convirtió en el principal foro tradicionalista de su época.

Fue sólo la guerra la que proveyó a Guénon suficiente respiro de su correspondencia para poder escribir “El reino de la cantidad” en 1945.

En sus años posteriores, Guénon estaba mucho más ocupado con cuestiones concernientes a la iniciación en tradiciones auténticamente esotéricas. Publicó al menos veinticinco artículos en Études Traditionnelles que abarcaban el asunto desde muchos puntos de vista.

A pesar de encontrar fe en el Islam, Guénon se mantuvo interesado en la posibilidad de iniciar canales que sobrevivieran dentro del cristianismo. Nunca dejó manifestar su interés en la masonería, regresando a ella y describiéndola en sus últimos escritos.

Sólo antes de morir concluiría que no habría esperanza de que el esoterismo se regenerara ni con la masonería ni con el catolicismo.

Guénon era un escritor prolífico, escribiendo diecisiete libros a lo largo de su vida, tiene al menos ocho colecciones póstumas publicadas. Desde sus primeras obras en 1909 en adelante, pueden ser vistas como intento de dar una nueva expresión y aplicación a los principios inmemoriales que poseen todas las tradiciones doctrinales. En sus escritos encontramos un gran abarque: Cristianismo, la tradición china, el sufismo, folclor, y mitologías de todo el mundo, cubre las tradiciones secretas del gnosticismo, la alquimia, la cábala y más, siempre buscando excavar sus principios subyacentes y mostrarlos como manifestaciones de la tradición primordial.

Ciertos aspectos claves son palpables en todos sus escritos, y uno de ellos es el concepto de la metafísica como una forma de trascendencia sobre todos las órdenes doctrinales. Para Guénon, la formalización e identificación de la metafísica, la superioridad jerárquica infalibre del conocimiento, el contraste del mundo moderno con la visión tradicional oriental, la bancarrota espiritual de la civilización Europea, la visión cíclica del tiempo y una visión contraria evolutiva de la historia son sus temas recurrentes.

Apelando de forma repetida a las enseñanzas orientales, creyendo que sólo en Oriente las tradiciones sapienciales se mantenían más o menos intactas, Guénon escribe sin confundir su mirada hacia Oriente con la modernidad en boga.

Aunque la influencia de René Guénon permanece mínima en la actual academia Occidental, su obra es la piedra angular del tradicionalismo como lo conocemos actualmente. Era un hombre que no percibía su obra como un ejercicio creativo o de originalidad persona, repetidamente enfatizaba que el dominio metafísico no tiene consideraciones individualistas.

“No tengo otro mérito sino el de haberme expresado lo mejor que pude sobre las ideas tradicionales” —René Guénon

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