Por Víctor A. De Los Nuñez-Naranjo

Uno de esos días en los que se sueña un poco despierto, pensaba como para mi mismo y dialogaba -cual demente- acerca de mi selección, Venezolana, debutando en el mundial -de los que importan, los de fútbol, productor de cataclismos-; y claro, soltando riendas a la maquinaria surrealista, llegue a ese caso irreverente -hipotético por demás- «¿y si de vinotinto se tiñeran los festejos de la copa? ¿Y si de pronto en una hazaña ganamos un mundial?».

Habrían sendas caravanas, ron y anís en las barriadas, abundancia de endorfinas
-si ganamos un mundial-.

¿Y si una tiranía secuestra el poder por veinte años? -¡qué disparates los que dices… si ganamos un mundial!.

¿Y si escaseara la gasolina en el paraíso petrolero? -¡se camina no hay problema, si ganamos un mundial!-.

¿Y si protestar fuera un delito tildado de terrorismo? -¡Sólo habrá que acostumbrarse, si ganamos un mundial!-.

¿Y si de delincuentes se minara el aparato del Estado? -No vale, yo no creo, si ganamos un mundial!-.

¿Y si un partido carroñero se adueñara de las artes? -¡imposible, nada de eso, si ganamos un mundial!-.

¿Y si la electricidad y el agua fueran casi algún milagro? -No hay manera en estas tierras, si ganamos un mundial!-.

¿Y si derechos no estuvieran los humanos en miserias? -¡Qué bonito es el trofeo, si ganamos un mundial!-.

Tantas cosas preguntaba, siempre la misma respuesta, intocables -que ironía-, por ganar sólo un mundial.

Suposiciones -por fortuna-, escenarios hipotéticos, no somos campeones del mundo… no ganamos un mundial.