Teletrabajo y clases en línea, las dos funciones sociales a la que nos estamos acostumbrando obligatoriamente.

Hace no mucho, digamos en un espacio de apenas semanas, el sueño economicista de trabajar desde casa se fue imponiendo como una realidad a la par que Occidente sucumbió ante el avance de una pandemia venida de China.

El nomadismo digital, ese afán de reptar con lo mínimo para la subsistencia personal desde cualquier parte del mundo, mutó y se multiplicó en una modalidad sedentaria que convierte al hogar en una celda laboral. Parece el plan concebido por un explotador inglés decimonónico, erosionar la intimidad de la unidad familiar hasta difuminar los linderos uue separan la oficina del salón.

Una de las aplicaciones que están más en boga, por aquello de comunicar alumnos con maestros, es el programa zoom. Un software en estado del arte en vídeo llamadas que aventaja al resto de su competencia como skype y whatsapp.

Desafortunadamente, y tal como sucede con tiktok, ninguna panacea china es gratuita. Y si ya estamos habituados al desvergonzado robo de nuestros datos personales por parte de grandes empresas como facebook, sus competidores chinos no se quedan atrás.

Al menos dos procuradores generales de los EE.UU han iniciado investigaciones contra la compañía, por su incapacidad de proteger los datos de sus usuarios. De hecho, fuentes cercanas a la Agencia de seguridad nacional (NSA) han demostrado lo sencillo que resulta ingresar en los servidores creados en la aplicación o de instalar malware en los equipos que usan zoom.

Eric Yuan, CEO de zoom, ha admitido que los datos transmitidos por los usuarios en su aplicación han sido procesados «por error» en servidores chinos. Según la empresa, fue una medida que se vieron obligados a emplear para poder brindar servicio a los miles de nuevos usuarios que simultáneamente se dieron de alta por la cuarentena.

Citizen lab de Canadá, apuntó que más de un centenar de la fuerza de trabajo encargada de hacer funcionar la plataforma está ubicada en la China continental.

El gobierno de Taiwán, que por su posición geográfica e históricas tensiones con China se ha especializado en denunciar al espionaje comunista, prohibió a sus oficiales el uso de la aplicación zoom. Tiene los suficientes fallos de seguridad como para ser catalogado como un programa espía al servicio del Partido comunista chino.

Nuevamente la gran amenaza a la estabilidad de Occidente viene de Pekín.

Zoom se ha logrado colar entre los principales servidores y ordenadores de ejecutivos, políticos y científicos de todo el orbe. Si el coronavirus ha logrado congelar los motores de las economías europeas y americanas, zoom es el parásito que entró en sus cerebros.

Lo más racional ante esta pandemia digital, es desinstalar inmediatamente aplicaciones de origen chino como zoom y tiktok. Estas encarnan los pilares de comunicaciones y entrenamiento de masas. Los mismos con los que junto a un tercer programa, Wechat, el gobierno chino consiguió instaurar el régimen de espionaje y control digital más extenso y poderoso del mundo.